Los clubes cambian. Crecen. Se transforman. Y son las personas quienes dejan su huella en cada etapa de esa historia.

A pocas horas de una nueva elección institucional, queremos compartir esta entrevista con Pablo Capriotti, presidente del Club de Regatas San Nicolás durante los últimos 13 años.

Una conversación para mirar hacia atrás, recordar el camino recorrido y agradecer el compromiso, el tiempo, la dedicación y la vida compartida con la comunidad regatense.

Hace 13 años decidiste asumir el desafío de presentarte como presidente del Club de Regatas SN ¿Qué te impulsó a dar ese paso y qué soñabas para el club en ese momento?

Hace 13 años, luego de haber acompañado durante una década la gestión del contador Carrera, que ya transitaba su etapa final, surgió la propuesta de asumir la Presidencia del Club. No fue una decisión menor: implicaba asumir una enorme responsabilidad, pero también representaba un desafío profundamente movilizador.

Para ese entonces, llevaba ocho años como Vicepresidente, lo que me había permitido conocer en profundidad la vida institucional y adquirir una experiencia valiosa en la gestión. Pero, más allá de los cargos, mi vínculo con el club era mucho más profundo: lo conocía desde adentro, desde todos sus espacios, como socio, como deportista, como integrante de una subcomisión y como miembro de la Comisión Directiva. El club formó parte de mi historia y de mi identidad.

Sentía que el club estaba ordenado, sólido, y que había llegado el momento de animarse a crecer. Soñaba con un club más grande, con más socios, con mejores instalaciones y con un desarrollo deportivo aún más fuerte.

 

Mirando todo el camino recorrido, ¿cuál fue el mayor desafío que te tocó enfrentar y qué aprendizaje te dejó?

Mirando todo el camino recorrido, siento que el mayor desafío fue lograr sostener en equilibrio aquellos tres objetivos que nos propusimos desde el primer día. Porque el crecimiento del club no era solo sumar socios: detrás de cada nuevo socio había una expectativa, una familia, una historia que confiaba en nosotros, y eso implicaba la enorme responsabilidad de estar a la altura, especialmente en infraestructura social y deportiva.

El club tenía deudas importantes en materia de obras, y sabíamos que no podíamos mirar para otro lado. Había que animarse, tomar decisiones y avanzar. Muchas de esas obras parecían, en su momento, difíciles o incluso inalcanzables, pero con esfuerzo, convicción y trabajo colectivo logramos concretarlas. Y aún así, uno sabe que el camino continúa, porque un club vivo siempre tiene nuevos desafíos por delante.

Pero si hay algo que realmente me marcó en todos estos años, es haber comprobado que la verdadera fortaleza del club no está solo en quienes lo conducen, sino en su gente. Cada vez que parecía que algo nos superaba, aparecían manos, voluntades y corazones dispuestos a empujar. Personas que, sin esperar nada a cambio, se acercaron simplemente por amor al club.

Ese es, sin dudas, el mayor aprendizaje: entender que hay una energía invisible pero poderosa que sostiene a la institución, que la hace crecer y que la proyecta más allá de cualquier gestión. Y haber sido parte de eso es, para mí, profundamente emocionante

Al cerrar esta etapa, ¿qué legado sentís que deja tu gestión para el presente y el futuro del Club de Regatas?

La verdad es que me cuesta decir que he dejado un legado. Siento que es algo que el tiempo dirá y que, en definitiva, serán los socios quienes lo valoren. Ojalá haya sido así.

Si algo deseo profundamente es que estos 12 años de trabajo constante, de esfuerzo compartido y de compromiso hayan servido para dejar una base sólida, un punto de apoyo firme desde el cual el club pueda seguir creciendo y proyectándose hacia el futuro.

Me gusta pensar que, más que un legado personal, lo que se construyó fue un camino. Un camino hecho con mucho trabajo, pero también con convicciones, con sentido de pertenencia y con amor por el club. Si eso logra sostenerse en el tiempo y sirve para que las próximas generaciones sigan construyendo un Club de Regatas cada vez más grande, entonces sentiré que todo valió la pena.

 

¿Qué fue lo más valioso que te “regaló” el club durante este tiempo?

El club me ha regalado muchísimas satisfacciones a lo largo de todos estos años, y sinceramente no sabría señalar una sola como la más valiosa. Pero si hoy tengo que elegir con qué me quedo, elijo algo muy simple y profundamente humano: los abrazos, las palabras de cariño y el agradecimiento que estoy recibiendo en estos últimos días.

Me aferro a eso porque este también es un momento difícil. No es sencillo dejar de hacer algo que fue parte de la mitad de mi vida adulta, algo que me marcó tan profundamente. Y en ese tránsito, el acompañamiento de los demás se vuelve fundamental.

Cuando ese cariño viene de los socios, de los deportistas, de quienes integran una subcomisión o de quienes compartieron el día a día del club, adquiere un valor incalculable. Cada uno de esos gestos, cada abrazo, cada palabra, me los llevo conmigo y los guardo para siempre en el corazón.